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Jugaron en un chiquero pero se suspendió, a los dos minutos, cuando se tropezó un línea

El árbitro de Platense de Añatuya e Independiente Fernández se encaprichó y no quiso suspender el partido válido por el Federal C.

A fines de enero de este 2018, Marcelo Gallardo se agarró una bronca bárbara al ver el césped del Monumental. Envuelto en llamas, el técnico de River habló con los dirigentes y en cuestión de minutos se supo que los encargados de cuidar el campo de juego habían cometido un error grosero: en lugar de rociarlo con un fungicida (clave para conservarlo en buen estado), se equivocaron de bidón y le tiraron un herbicida que quemó las matas de pasto.

Más allá de su enojo, el Muñeco tuvo a favor que desde la metida de pata hasta que su equipo recibió a Olimpo, por la Superliga, pasaron cuatro días. Y ese lapso de tiempo, justamente, les dio tiempo a los cancheros para “emparchar” el escenario.

Distinta fue la historia para los responsables de cuidar la cancha de Platense de Añatuya, el humilde club de Santiago del Estero, que disputa el Torneo Federal C. Todo comenzó cerca de las 10 de la mañana del último domingo, cuando llegaron al estadio descontando que el encuentro programado contra Independiente Fernández, por los cuartos de final de la zona Centro, iba a ser suspendido. ¿El motivo? La incesante lluvia que había caído en la zona desde la noche del sábado y, sobre todo, el pésimo estado del campo de juego.

Y no se trata de una manera de decir. A simple vista, lo único que se podía observar era barro, lodo, enormes charcos de agua… Pero el árbitro del partido, Osvaldo Falcón, tenía otros planes; jugar sí o sí. De nada sirvió que los dirigentes, los técnicos y los futbolistas de ambos equipos le pidieran que revea su decisión o que simplemente saliera a la cancha para embarrarse hasta las rodillas.

A las 17, tal como había ordenado el Consejo Federal, Falcón pitó el inicio del encuentro. Y el final fue un bochorno. ¿Por qué? Porque fue imposible trasladar la pelota. Y mucho más hacer pie en el medio de tanto barro. Ni hablar de divisar las líneas de cal que delimitaban las áreas y la cancha entera.

Los jugadores del Calamar de Añatuya en la entrada en calor (Facebook).

El árbitro Falcón junto a sus asistentes y los capitanes (Facebook).

Pero, encaprichado, el juez siguió como si nada. Hasta que apenas ¡dos minutos! después de ordenar el arranque, suspendió el partido. Sí, dos minutos, 120 segundos, menos de lo que le puede llevar leer esta nota. ¿Y qué pasó para que tomara tal determinación? Uno de sus asistentes, luego de un pelotazo a cualquier lugar, quiso picar para ver si existía posición adelanta, pero patinó y se pegó un golpe bárbaro sobre el costado de la cancha.

Las risas de los hinchas que habían desafiado al mal clima y los reclamos de todos, hicieron entrar en razón a Falcón, quien llamó a los capitanes y les dijo que no iban a poder seguir. Un papelón, una situación insólita. Y que en Añatuya generó muchísima bronca. Y el motivo va más allá de lo futbolístico.

Se terminó: apenas dos minutos después del inicio se suspendió (Facebook).

Es que por haberse disputado apenas esos dos minutos, el club tuvo que devolver el dinero de las entradas, pagarle a los policías que estaban en el lugar y, claro, a la terna arbitral que igual cobró gracias a su propia testarudez.

Fuente Clarin